Glorioso 2 - Coruña 3: Notas personales sobre el partido
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23/9/2001 - 10:59
Enviada por fidel





Llegó la primera derrota de la liga. Una derrota con polémica, que no tuvo por qué serlo. No me gusta hablar de los árbitros, aunque esta vez sí que hay que hacer algunas reflexiones, pero no aquí. En estas líneas quisiera hablar de fútbol, de lo que se vio ayer en Mendizorrotza, donde un Alavés que jugó de manera equivocada buena parte del partido estuvo, pese a ello, a punto de remontarle un cerodós a uno de los mejores equipos de la liga, o sea, de Europa.

El partido de ayer mostró en cierto modo uno de los límites del equipo. Durante una hora se intentó, sin éxito, ganarle al Coruña jugando "a la brasileña", con toque corto, filigrana, incluso taconazos. Ese Alavés casi no tiró a puerta, se distrajo dos veces y encajó dos goles -en esta liga los errores se pagan caros- que le dejaron, en teoría, fuera del partido. Una hora frustrante, llena de balones perdidos, inicios sin buen fin, un quiero y no puedo.

Un Alavés equivocado, al menos para jugar ante el Depor de ayer. Un Alavés que se tornó, tras una serie de cambios, y obligado por las circunstancias de marcador y juego, en otro equipo, más adecuado a las circunstancias, más "inglés", con balón largo más contundencia. Y funcionó. Cuando las circunstancias obligaron, el Glorioso recuperó la épica. Y lo hizo con la entrada de Vucko, Begoña e Iván Alonso, tres clásicos, en lugar de Witschge, Mara y Rubén Navarro, tres novatos.

¿Casualidad? Puede que no. Estamos en la jornada cuatro, y hasta ahora el equipo había tenido rivales poco hechos o, en el caso del Mallorca, había tocado jugar fuera, dejando llevar el mando. El caso es que las prestaciones del equipo han sido muy buenas, quizás excesivas para un equipo con mucha gente nueva. El Coruña nos puso de nuevo en situación: quedan cosas que encajar. Por ejemplo, la ubicación de Witschge en el dibujo de Mané. O la adaptación de Mara al fútbol español, algo que de momento me parece que le cae un poco grande.

Mientras tanto, al menos sabemos algo: que el equipo sigue manteniendo ese espíritu de superación ante la adversidad, esa casta, que hace que ningún partido, por muy mal que se ponga la cosa, esté perdido. El espíritu de Dortmund. Un carácter especial, que ha sido la seña de identidad del equipo que enamoró a Europa y que nos ha hecho sentirnos orgullosos durante años de ser albiazules. Algo que ayudará a conjuntar este equipo, algo que ayer casi consigue remontar y derrotar al Depor. Algo con lo que solo pudo Fernández Marín. Y casi no lo logra.


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