Glorioso 0 - Sevilla 1: notas personales sobre el partido
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16/12/2001 - 16:19
Enviada por fidel





Está visto que la felicidad completa es difícil de logar en esto del fútbol. En un día grande para el club, en el que la presentación de la Ciudad Deportiva El Glorioso -se emociona uno al ver cómo se usa la denominación popular del equipo para temas serios- supone un paso importante hacia la consolidación del proyecto deportivo del club, lejos de operaciones inmobiliarias de dudosa catadura futbolística, el equipo ha perdido, ante su parroquia, el liderato.

Que conste que es mucho más importante lo primero -la ciudad deportiva- que lo segundo -el liderato- en lo que respecta a la vida del club. El liderato es algo efímero, que va y -esperemos- viene, en función de la coyuntura del equipo y de la liga. La ciudad deportiva es algo que llega para -esperemos también- quedarse, para facilitar la formación de nuevos jugadores y para hacer crecer las raíces de este Deportivo Alavés en el entorno de la ciudad y la provincia.

Vayamos a lo estrictamente futbolero de la jornada. Llegó el Sevilla y nos dio en el morro. Así, sin más. Los de Caparrós demostraron que el peor rival del Alavés es el propio Alavés. Los sevillistas, un buen conjunto, son una escuadra que se parece cantidad a nuestro Glorioso. Sin grandes nombres, con gente veterana descartada de varios sitios, con gente joven haciéndose un nombre a la espera de ganarse la vida holgadamente con esto del fútbol, con un técnico que sabe lo que es el fútbol profundo y que saca petróleo de una escuadra con poco renombre pero con cuatro ideas claras. Si no fuese porque visten con colores que me producen cierta urticaria en el cerebelo, y si no fuese del Alavés, me gustaría ser del Sevilla. De este Sevilla.

Me dirán que los tíos han perdido tiempo hasta límites insospechados, que han usado Mendi más como colchón que como césped, que han dado grasa y que no son la selección de Brasil del 70. Ni falta que hace. Lo que hizo el Sevilla ayer es lo mismo que suele hacer el Alavés fuera de casa: aburrir a las ovejas y estar a la que salta para marcar y traerse los puntitos crudos para casa. Que el árbitro es un pardillo, pues nos reímos de él hasta que nos duela la tripa, retorciéndonos por el suelo de una mezcla de pierdetiempos y cachondeos. Que a alguno del equipo rival se le va la olla de vez en cuando, pues le miramos a los ojos con cara de mala leche, o le mentamos a la madre, para que nos suelte lo justo de cachete como para irnos al suelo y para que al susodicho le manden a la ducha. Que a algún artista le da por andarse con taconazos cuando se está jugando con las cosas de comer, pues le robamos la bola, p'a que espabile, y, de paso, marcamos un gol de rebote. Una lección de fútbol de listos. ¿Que no es vistoso? El que quiera espectáculo, que vaya al circo.

No nos podemos quejar de lo que hizo ayer el Sevilla, porque de formas más o menos similares el Alavés suele ganar -con bastante frecuencia, gracias a Dios- partidos fuera de casa. Y no vamos a estas alturas a pedir al rival que deje jugar a nuestros mejores hombres, que no presiona a Pablo, que marque a dos metros a Navarro, que no nos lance contraataques letales en cuanto nos descuidemos, que no pierda tiempo, que no se aproveche de las debilidades del árbitro. Si cuando le ganamos al Barça con unas armas similares nos molesta que los blaugrana digan que hay que proteger al fútbol de lo que hace el Alavés, hemos de permitir que el Sevilla nos aplique su repertorio de antifútbol para intentar ganarnos.

Y, sobre todo, no tenemos que ser pichones. En un partido en el que el Alavés repartió cera a discreción -el terreno estaba propicio para las caídas, y la rapidez de algunos sevillistas obligaba a usar la grasa con cierta generosidad- las tarjetas se las llevaron mayormente los de Caparrós. Eso sí, acabamos con un expulsado. A estas alturas, con las explicaciones de unos y de otros, creo que lo único que está claro es que si Téllez hubiese sido listo y hubiese tenido la cabeza en su sitio, no hubiese sido expulsado. No se si lo que hizo fue en legítima defensa, fue un ataque preventivo o fue la aplicación de una resolución de la ONU. Tampoco me atravería a cuatificar la acción de cero a diez en la escala de las agresiones. Me da igual. Lo que no me da igual es que la falta de frialdad termine con un jugador del Alavés en la caseta en un momento en el que el partido estaba llegando a su fase definitiva.

Como tampoco me da igual que a un jugador que se supone entra de refresco, con la cabeza descansada, le de por intentar un taconazo cuando está presionado y es el último jugador en uno de los laterales. Que parecemos a veces niños en un patio de colegio de párvulos, porque a partir de los seis años esas cosas no se hacen ya. Este Witschge...

Tampoco vamos a llevarnos mal rato. Tarde o temprano el equipo tenía que perder el liderato. Incluso, tal y como está la liga, es posible que vuelva a recuperarlo más avanzada la liga. En un torneo con tanta igualdad, cualquier equipo serio aliado con circunstancias más o menos propicias te la puede liar. Además, muchos de los partidos que ha ganado este año el Alavés han sido muy igualados, con iguales méritos por parte de los dos equipos, y con victoria alavesista por un mejor aprovechamiento de las circunstancias. Eso no siempre sucede, y ante el Sevilla el fiel de la balanza terminó inclinándose para el lado que menos nos convenía. Alguna vez tenía que ser así. Lo bueno para nosotros es que generalmente suele ser al revés, y los más espabilados suelen ser los hombres de Mané. Que siga así la cosa.


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