La ampliación del estadio de Mendizorroza
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01/4/2017 - 10:34
Enviada por Aritz Rodríguez Galán





Desde que a finales del año pasado la directiva del Deportivo Alavés presentase el proyecto de ampliación de Mendizorroza, es innegable que este ha suscitado un debate entre las alavesas. La verdad, un proyecto de este calado no merece menos.

De la misma forma que en otros debates de esta índole, la cuestión reside en que quien ha introducido este tema en la agenda pública ha establecido el marco para el debate. En este caso, el marco reduce el debate a una dicotomía entre ampliación sí o ampliación no.

El cruce de declaraciones entre el Grupo Municipal de Podemos y la directiva del Deportivo Alavés es un ejemplo de los problemas que acarrea asumir el marco establecido.

Asumir que este debate es entre ampliación sí o no, es asumir, de facto, que la ampliación es solamente el proyecto presentado por Querejeta y no otro que pudiera presentarse. Es asumir que estar a favor de la ampliación (del proyecto de Querejeta) es alavesismo y defensa del crecimiento en Vitoria-Gasteiz y Araba. Es asumir, por lo tanto, que estar en contra de esta ampliación es ser “antialavesista”, el enemigo, el que no quiere que la ciudad y la provincia avancen.

Por lo tanto, ante la ampliación del nuevo Mendizorroza, debemos comenzar dejando de lado la dicotomía ampliación sí/ampliación no que, además de estar viciada en favor de los interesados en el sí, nos impide analizar esta cuestión con profundidad.

Intentemos llegar a la raíz con una primera pregunta: Ampliación, ¿por qué?

Conocer la motivación requiere de un ejercicio de memoria. Hace 6 años, dos empresarios de la construcción (Jesús Etxabe y Rafael Pedreira) aupaban económicamente a Josean Querejeta para hacerse con el control del club babazorro. Hace un año, con el Glorioso ya ascendido, Querejeta adquiría sus acciones para convertirse en el maximísimo accionista, con el 81,58% de las acciones.

Afloran las dudas sobre si el motivo de la ampliación es debido a problemas de aforo y a fomentar el crecimiento o si, en cambio, es debido a una compensación a los constructores por los servicios prestados.

De hecho, estas dudas no hacen más que agudizarse si planteamos una segunda pregunta: si se quiere la ampliación, teniendo en cuenta que hablamos de un campo municipal, ¿por qué no se ha hecho un concurso público en el que se barajen distintos proyectos y presupuestos? Es más, ¿por qué ni siquiera se ha informado al Ayuntamiento al respecto? ¿Acaso Querejeta tiene el contrato de obra ya cerrado o apalabrado?

Por ello, las alavesistas debemos obviar esa falsa dicotomía ampliación sí o no y saber cuál es el verdadero quid de la cuestión. No se trata de que unas estén a favor de que el Deportivo Alavés crezca y quienes cuestionan el proyecto quieran que el Glorioso se estanque.

Lo central es que unas, las que no nos podíamos creer el gol de Oscar Martínez desde medio campo en Las Gaunas; las que nos quedamos afónicas con el gol de penalti de Viguera que nos devolvía a Segunda; las que nos dejamos enamorar por el carismático Bordalás; pero, sobre todo, las que nunca tiramos la toalla durante estos 10 años alejadas de la Primera División, estamos por un Deportivo Alavés al servicio de sus socias, de sus aficionadas, de sus jugadores, de su cantera y de toda la ciudad y la provincia.

Otros, en cambio, deberán esclarecer sus pretensiones y si lo que realmente buscan es devolver favores a Etxabes y Pedreiras varios y enriquecerse.

Es imprescindible que debatamos calmadamente y en profundidad si la ampliación responde a una necesidad real; si este proyecto es lo prioritario para el bien de socias, aficionadas, jugadores, cantera, ciudad y provincia; valorar la viabilidad económica de la ampliación; esclarecer sobre quién recaerá el pago de la obra y si esta repercutirá en el coste de los abonos de las socias; abrir el proyecto a concurso público y valorar entre las distintas propuestas.

Solamente abordando este problema con la seriedad y profundidad que merece evitaremos cualquier atisbo de especulación o devolución de favores. Solamente así alejaremos al fantasma de aquel repeinado ucraniano sobrevolando Mendizorroza. Solamente así evitaremos caer en las fauces del futbol-negocio, o como algunos han llamado a esta mercantilización del deporte, “futbol moderno”.

Aritz Rodríguez Galán es graduado en Ciencias Políticas por la Universidad del País Vasco. Es socio del Deportivo Alavés. Este artículo de opinión presenta los puntos de vista del autor del mismo sobre el tema tratado.




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