Madrid 3 -Glorioso 1: Notas personales tras el partido
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24/2/2002 - 13:51
Enviada por fidel





Hacía tiempo que no estaba tan cabreado al final de un partido como tras el Madrid-Glorioso de este fin de semana. ¡Qué queréis que os diga!, me molesta mucho que me hagan saber que algunos equipos son más iguales que otros en esto de la liga.

Es difícil ganar en el Bernabéu. Un equipo como el Madrid saca a la luz como nadie los defectos de cualquier escuadra que contra ellos juega. Están acostumbrados a ganar, tienen calidad de sobra y dominan los diferentes registros por los que puede transcurrir un partido. Ante ese rival, y en uno de los coliseos del fútbol mundial, el Alavés jugó una primera parte muy buena, al estilo de ese Alavés que nos gusta. Desarrollando sus virtudes y, por desgracia, fiel a sus defectos. Haciendo difícil al rival la tarea de tener la pelota, pero sin acierto a la hora de definir. Una gran primera parte que sirvió para llegar al descanso con empate en el marcador, ya que lo de mantener la portería a cero es una misión parece que imposible para el Glorioso 2.002.

Fue bonito ver a gente como Witschge, un superclase mundial por historial y títulos, se sentía como pez en el agua en el mismo equipo en el que Antonio Karmona le paraba los pies a Morientes y cía, o en el que Turiel se desenvolvía como pez en el agua en la medular, apoyando a un Pablo mandón. Entre ellos, y el resto de albiazules, hicieron temblar la estructura del rival, y pudieron -y debieron- solventar la papeleta. Tarjetas para Hierro y Pavón, balones buscando la espalda de la defensa merengue. En alguna de estas, Rubén Navarro pudo irse solo ante Casillas. El línea marcó fuera de juego. Las imágenes mostraron en al menos una ocasión que Rubén salía en posición correcta. En fin, los humanos, que cometen errores. En cualquier caso, Navarro se peleó como los bravos, en uno de sus mejores partidos -al menos en uno de los mejores tiempos- desde que vino a Gasteiz.

Con el empate vimos un inicio de segunda parte que se ajustó algo más al guión previsto. El Madrid algo más espabilado, el Alavés a verlas venir ante un rival controlando la pelota. Bajó el dominio, se mantuvo la intensidad hasta donde el rival lo permitió. El Alavés de siempre, con el tono de siempre, motivado quizás por el escenario y por el equipo de enfrente. Estaba listo para ver uno de esos partidos intensos, con poco brillo, y con el equipo a la espera de una opción. Pero llegó Raúl, que no es un jugador al uso. Y con él el Alavés tuvo que afrontar demasiado. Lo que antes hacía levantar el banderín al linier ahora mantenía el brazo del asistente caído. Y del roce surgió el penalti. Y se acabó lo que se daba. Demasiado, incluso para un Alavés a un buen nivel.

Al equipo le pedía para este partido actitud, y creo que por esa parte he de darme por satisfecho. Solo espero que esa misma actitud se mantenga en los partidos que quedan. Seguro que así llegarán puntos para seguir optando a los diversos objetivos.


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