Los leones pudieron con los gladiadores con la ayuda del emperador Daudén
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19/3/2002 - 13:30
Enviada por Asier





Se preguntarán los lectores de este título el porqué de su metáfora respecto al tema romano, al ambiente de sus luchas, los emperadores, etc. Pues bien, se me ha ocurrido la curiosa comparación fijándome en varios aspectos del partido. Por una parte, la agresividad por ambos lados, siempre con la espada en alto, atentos hacía cualquier despiste del rival, y siempre con el escudo en ristre de cara a los ataques enemigos. Esto se puede ver en la locura del partido en varios momentos, ya que los jugadores estaban en todo momento atentos al rival, pero al mismo tiempo, de cara a la meta, con una actitud ofensiva. También se demuestra en el alto número de tarjetas, con la curiosa casualidad de que casi todas fueron a parar al mismo, al de azul y blanco.

Por otro lado, la estrategia, la táctica, digna de cualquier batalla romana. La forma de jugar de ambos equipos cambiaba sin ton ni son, pero siempre con cierto objetivo que aunque parecía que no tenían claro seguramente, estarían más que claros, pero que los entrenadores intentaban ocultar, esconder, para poder atacar al enemigo por la espalda. Así es como fueron la mayoría de los goles, en contrataques o, al menos, en faltas (que debo decir que, en mi opinión, las dos faltas que llevaron a los goles rojiblancos no existieron) realizadas - o forzadas - en contrataques.

Además de esto, la similitud con el imperio romano y su ambiente llega de manos del excelentísimo Daudén Ibáñez, con su carácter de emperador, con su jerarquía ridícula y aplastante. Decidió el partido según le venía en gana, según marcaba con el dedo la señal de victoria o derrota, como el mismísimo Julio César en los circos romanos.

Otro de los aspectos puede ser el ambiente del graderio, la fuerza de la hinchada, los locales, los visitantes, los himnos, los cánticos. El típico ambiente de derby, y más aún si el de enfrente es el Athletic (las razones las vamos a omitir). Cualquiera que estuviese el domingo puede asegurar que este último aspecto es totalmente cierto, y que, volviendo a mi original metáfora, podía tener cierta similitud con el ambiente que se podía vivir en el mismísimo Coliseum.

Así, y como en las batallas de gladiadores, el resultado es lo de menos, por lo menos disfrutamos del espectáculo (aunque éste mucho más enriquecedor que los baños de sangre de siglos anteriores). Eso sí, no debemos olvidar que nuestro Glorioso sigue desinflándose, y cada vez ve más lejos Europa, la posibilidad de conquistarla de nuevo con su juego, con su ambiente, con su afición. Aún y todo, yo siempre digo que en un equipo como éste lo último que debemos perder es la esperanza, y confiar hasta el último partido en nuestro Glorioso, así que, como siempre: Aupa Alavés!!



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