Glorioso 2 - Villarreal 1: Europa se acerca a balón parado
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07/4/2002 - 13:49
Enviada por fidel





Esta vez tocó la de cal. El Alavés irregular de esta segunda vuelta retornó a la senda de la victoria en un momento crucial, en el inicio de los seis últimos partidos de liga, que según Mané terminan por decidir la situación de cada equipo en la liga. Sin brillo, pero con efectividad, los alavesistas resolvieron un partido que dominaron por momentos, pero en el que también estuvieron a merced del rival durante algunas fases del mismo. Dos goles a balón parado fueron suficiente para desequilibrar el choque y para colocar al equipo a las puertas de Europa.

El partido comenzó con ambos equipos respetándose. Los cambios introducidos por Mané no cambiaron en exceso la cara del equipo. El choque se desequilibró por un toque de clase de Lloréns desde treinta metros al cobrarse una falta realizada sobre Iván Alonso cerca de la media hora de partido. El Villarreal, que vive en la zona peligrosa de la tabla, tomó las riendas del choque, y su dominio se tradujo, al filo del descanso, en un empate que dejó helados a los locales y puso justicia en el marcador. Un gol que bien se podría achacar al "efecto Daudén": varios jugadores del Villarreal movieron la pelota y se movieron a su antojo por los alrededores de Martín Herrera sin molestia aparente por la zaga local.

El inico de la segunda mitad continuó con el sudor frío en las gradas: a la imposibilidad del centro del campo para contener la presión del Villarreal, se unió el desconcierto de la zaga, con Karmona y Coloccini fallones y Lloréns y Lombardi desaparecidos. Si se une a ese panorama zaguero la imposibilidad de los puntas albiazules para crear algo parecido al peligro ante la meta de López Vallejo, el panorama no podía ser más desolador para el Glorioso. Fue el momento de Jorge López, que pudo batir a Herrera en dos ocasiones claras, y del propio guardameta albiazul, que desbarató el peligro visitante y mantuvo el tipo de los locales. Por primera vez en la temporada, los cambios de Mané provocaron una pitada considerable y la aparición de algún que otro pañuelo en la grada. Paradójicamente, tras los cambios llegó el gol que decidió el choque, una vez más a balón parado: un servicio de falta de Pablo llegó a Coloccini, que puso el balón en la red entrando por el segundo palo.

Un nuevo gol a balón parado terminó con el dominio amarillo, que pasó a ser una presión descontrolada ante un Alavés más centrado, lo suficiente para aguantar el resultado y ganar un partido que quizás no mereció, pero que sacó adelante de una manera poco habitual: a balón parado.


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