¡Seguimos vivos!
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08/4/2002 - 15:09
Enviada por Asier





El partido con el Villareal, o al menos el resultado del mismo, nos lleva a los aficionados del Glorioso a recuperar la ilusión de esos puestos de arriba, o aunque sólo sea a sentirnos más fuertes, más ambiciosos, más vivos. Un partido que estuvo dividido en varias fases. Por un lado, la primera parte, los primeros 45 minutos, que únicamente se rompieron con el gol del empate del submarino amarillo. Hasta entonces el juego albiazul era dominante, con alguna salida a flote, eso sí, del rival. Como ya he dicho, el gol, de esos bien llamados psicológicos, rompió todo el ritmo de un Alavés que se veía claramente con el partido en sus manos. La afición, de esta forma, veía hasta cierto punto más lejana la posibilidad de los tres puntos, aunque solamente fueron unos pocos los que tuvieron la fatal idea de intentar hacer llegar este malestar hasta el terreno de juego.

La segunda fase del partido, llegó en el comienzo de la segunda mitad. En ésta, o al menos en el comienzo de la misma, el Villarreal controlaba ligeramente el juego, salvando el pellejo del Glorioso un genial Herrera que está sabiendo aprovechar el desafortunado percance de Kike. Tincho tuvo, eso sí, en todo momento, la inestimable ayuda de los dos centrales. Magníficos estuvieron el "Capi" Karmona y el a la vez goleador Fabrizio Coloccini. Entre estos tres jugadores, dieron siempre confianza a los hombres más adelantados, sabiendo ellos que tenían un seguro constante siempre a sus espaldas. Karmona me encantó, sobre todo en los balones por alto estuvo enorme (como suele decir a sus compañeros él mismo) y Colocho más de lo mismo, un segurísimo defensa que, como todos sabemos, también es totalmente válido en aspectos ofensivos, ya que lleva seis goles, a la par con el otro máximo goleador, que también es defensa, Carlos Llorens. Por cierto, qué golazo el de éste último; hasta el mismísimo Tiko puede tener envidia.

La tercera y última fase también estuvo totalmente marcada y diferenciada con el gol de Coloccini. A partir de ahí, el partido se volvió algo más loco, con tensión y nervios por ambas partes.



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