Glorioso 0 - Rayo 1: ¿Qué hay que hacer para marcar un gol?
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05/5/2002 - 14:16
Enviada por fidel





Nueva derrota albiazul en Mendizorrotza, esta vez ante un Rayo Vallecano que llegó a Gasteiz casi salvado y que se volvió para Madrid con la certeza de su permanencia una vez más en la Liga de las Estrellas lograda además con tintes épicos.

El partido no pudo comenzar mejor para los albiazules. En el primer minuto, Iván Alonso se escapó de Quevedo y encaró a Etxeberria. En un intento de evitar el gol, el improvisado central rayista derribó al uruguayo. El penalti -dudoso- y la expulsión de Quevedo parecía abrir las puertas del triunfo a los alavesistas. Sin embargo, el lanzamiento de Lloréns fue al larguero.

Fue el primer contacto del esférico con los límites físicos de la portería. Iván Alonso mandó otra bola al larguero, en una de las múltiples ocasiones de las que dispuso la escuadra albiazul en la primera hora del choque. Magno, Begoña y Turiel pusieron a prueba la meta de Etxeberria, sin suerte. Por parte rayista, Jorge Azkoitia pudo también, en un descuido defensivo albiazul, envió también la bola al poste de la meta de Herrera en el minuto 35.

Tras el recital de buen juego, ocasiones y pólvora mojada de la primera mitad albiazul, llegó, recién iniciada la segunda mitad, el aguijonazo del Rayo. Corino, desde treinta metros, mandó un golpe franco a la escuadra izquierda de Herrera. Para frotarse los ojos. No cejó el Alavés en su trabajo y en minuto 58 pudo llegar el fruto. Nuevo penalti, y esta vez fue Etxebarria quien desvió el lanzamiento una vez más de Lloréns. Hasta ahí llegó el Alavés. Mané había intentado cambiar el rumbo del choque dando entrada a Jordi y a Navarro, pero tras treinta y seis jornadas de dificultades para hacer gol, la treinta y siete no corrigió la trayectoria pasada. El Rayo, bien pertrechado atrás, se encontró con un final cómodo ante un rival desorientado.

Solo el gol de Aloisi en San Mamés alegró los últimos instantes a un Mendizorrotza que observaba atónito cómo las opciones europeas, en la mano hasta el descanso, se escurrían entre los dedos de un Glorioso romo hasta la desesperación. Pero ni siquiera Aloisi consiguió que la última salida del campo de los albiazules en Mendizorrotza en la presente temporada tuviera como banda sonora los pitos de un buen sector de la grada. Solo Coloccini, uno de los que se despedían, cosechó algún tímido aplauso. Colocho y, por supuesto, los diez de negro con la raya roja y la abeja en el pecho. Esos festejaron con sus seguidores -pocos, pero animosos- la permanencia un año más entre los grandes del Rayo. Enhorabuena.


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