CA Osasuna 0 - Glorioso 1: Notas personales sobre el partido
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12/5/2002 - 04:00
Enviada por fidel





Ya está. El Alavés consiguió el título en el Torneo de la Irregularidad en que ha terminado convirtiéndose este campeonato por debajo de los puestos de honor y, como premio, volverá a Europa la campaña entrante. Al final, un éxito tras una campaña en la que se tocó el cielo con las manos y en las que también el equipo se dio varias vueltas por el limbo. Eso sí, el equipo nunca llegó a oler a infernal azufre, lo cual es, si situamos la temporada en el contexto de la historia y las posiblidades de los albiazules, un éxito. Así que el balance de la campaña no puede considerarse positivo, sino excelente. Aunque sea desde la irregularidad, el Alavés vuelve a Europa, y eso es una hazaña, y un plato exquisito para aquellos a los que nos salieron los segundos dientes viendo al equipo en Preferente o hicimos la mili con el Glorioso en Tercera.

Ahora bien, para no variar mucho el guión del año, se sufrió en El Sadar. Fue un partido extraño este del sábado... cuando parecía que Osasuna estaba de fiesta, llegaba Gancedo y te ponía una vaselina desde treinta metros que se iba rozando el larguero. ¿Habría ensayado eso el Pipa durante la semana, el "amagar pero no dar"? Si es así, le salió de cine. Al Pipa, a Aloisi y a toda una cuadrilla de jugadores rojillos, sin ninguna presión, pero con una querencia a la meta de Herrera bastante poco recomendable para los nervios albiazules.

Y el Glorioso, ayudando... Ojalá Rubén Navarro -el peor Navarro ayer sobre el terreno de juego- marque cuarenta y siete goles la próxima campaña, pero una vez todo el bacalao vendido este año, no puedo menos que afirmar, no sin pena, que su temporada ha sido desastrosa. Si la razón de ser del delantero es el gol, Rubén tiene que ser en estos momentos el ariete titular de la liga española con más dudas existenciales. El Sadar asistió atónito a la mayor demostración de negación cara al gol desde que al fútbol se juega en pantalón corto. A mejorar.

Todos hemos oído a nuestros muy mayores hablar de Ciriaco y Quincoces, y a los mayores sin más de Berasaluce, Primi y demás. Yo prometo hablar hasta que se me caigan las cuerdas vocales y mi voz sea más un suspiro que un torrente, de Antonio Karmona. El de Bermeo es, en persona, lo que el Alavés es en formato club. Salido de muy abajo, su nombre ha llegado a aparecer en el electrónico de una final europea. En un mundillo éste bastante dado al divismo, en un club éste en el que hemos visto cracks que solo lo fueron ante el minibar del hotel, la presencia de gente como Karmona es tanto una anomalía como una bendición. Haciendo poco ruido, pero dando muchas nueces. No sería justo decir que Karmo metió al equipo en la Uefa, porque esa labor ha sido de un equipo en treinta y ocho jornadas, pero sí que dejó, en el que ojalá no sea su último partido como albiazul, un regalo para los que sigan: un gol cuando hacía falta. Sin ese gol, a estas horas estaríamos hablando, para consolarnos, de lo que nos habríamos ahorrado quedándonos fuera de Europa. Bendito gasto.

Suspicacias... Este choque ante Osasuna ha servido para descubrir facetas pintorescas de alguna gente. Por ejemplo, la memoria selectiva: se habla de los apaños entre equipos vascos, pero no se recuerda que, en ese supuesto mercadillo de favores, el Alavés perdió la ocasión de jugar una promoción de ascenso ante un Sestao que se sabía desaparecido tras el choque, ni de los dos partidos de final de temporada reciente en San Mamés, ante un rival sin objetivo aparente, que se zanjaron con derrota, alguna sangrante, de los albiazules. Ni de cómo se las tuvieron Osasuna y Eibar no hace mucho en Segunda. También se ha hablado del gesto de De Pedro pidiendo perdón, sin que a nadie se la haya pasado por la cabeza que el donostiarra pidió disculpas, pero, por si acaso, había metido el gol. El cántico ayer en El Sadar, de "Athletic, ¡jódete!" por aficionados de ambas escuadras será visto seguro por estos "hermanólogos" como una muestra folclórica de ese entendimiento. En fin...

También ha habido casos de Geografía Adaptativa durante estos días. Las hemerotecas reflejarán para siempre -mientras el papel no se pudra o los bits no se fundan- cómo se ha incluido a Osasuna en la nómina de equipos vascos en medios y entornos que defienden de manera sistemática la diferencia entre vascos y navarros. Y, qué vamos a decir del concepto mutante de la deportividad... Final de temporada: un equipo que no se juega nada recibe a otro que sí. Por razones de vecindad, el equipo local no hace nada por ganar, e incluso hay un cambio en la portería. Estoy hablando de un Sevilla-Oviedo de hace no muchas temporadas, aunque parezca otra cosa... Los sangrante del caso es que en aquel partido, el local quería perder para hundir al vecino, y al único que no se enteraba de la fiesta, el portero, lo cambiaron en el descanso. Desde ese entorno han metido toda la presión del mundo a Osasuna, han visto suspicacias en que no juegue el portero habitual, y han advertido contra los peligros de la buena vecindad.¡Qué cara más dura!

El caso es que esto se ha acabado. Algún día algún gobierno responsable cogerá el toro por los cuernos y legislará para evitar que a mediados de mayo deje de haber fútbol. Tres meses y medio sin liga: esto debería de estar prohibido. Mientras tanto, a desempolvar el pasaporte y a soñar una vez más con una campaña más en Europa, pero sin olvidar que lo realmente importante es que vamos a estar una campaña más en Primera.


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