AC Bilbao 2 - Glorioso 0: reflexiones personales tras el partido
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22/12/2002 - 16:36
Enviada por fidel





Otro viaje a Bilbao y otra derrota. Parece la historia de nuestra vida. Hay dos tipos de partidos del Alavés en San Mamés, que mantienen su ciclo: los partidos regulares, incluso buenos, del Glorioso, en los que se supera por juego pero se pierde por falta de acierto y ambición -el pasado año, hace tres temporadas- y aquellos en los que se juega -es un decir- a remolque de un rival que, a base de casta, nos multiplica por cero. Es la versión que tocaba este año, y el ciclo se cumplió. Los seguidores que pagaron por ver el partido deberían pedir que les devolviesen el dinero: solo hubo un equipo en el campo, y, además, el partido fue una copia de lo ya visto en otras ocasiones.

El Alavés puede presumir desde el sábado de haber descubierto una nueva variante de la famosa Ley de Murphy: si en un partido se puede romper una estadística, lo hará aquella que más te perjudique. Antes del sábado, el AC Bilbao llevaba un año sin terminar un partido con la meta a cero, mientras que el Glorioso llevaba nueve partidos perdidos de nueve posibles en San Mamés ante los rojiblancos. Se rompió una de las estadísticas, justo la que peor nos venía. ¡Maldito Murphy! Si al menos fuese zurdo, igual nos venía bien de lateral...

Se puede sacar alguna conclusión positiva de lo del sábado. Somos el auténtico equipo de Euskadi: nos llevamos muy bien con Real y Osasuna, y hacemos felices dos veces al año a los de San Mamés. Este sábado, además, nos convertimos en una especie de hermanas de la caridad. ¡Y todavía no nos quieren...!

El partido tuvo sus detalles para la posteridad. El ver, por ejemplo, en el doble pivote a Begoña y Helguera tiene su cosilla... como la tiene el encontrarte con Urzaiz en el equipo equivocado, o el ver cómo nos cuelan goles de cabeza con una facilidad preocupante, o el comprobar cómo el grado de resignación del Alavés en estos partidos es tan grande que nadie se cuestiona que al equipo no le pitaron tres penaltis a favor, que hubiesen dado para otro resultado.

La liga sigue avanzando, y el equipo sigue abajo. Una solución puede estar en casa: buscar ambición a través de la juventud. Se le achaca a este Alavés, y al de la segunda vuelta del pasado año, una cierta carencia de ambición en determinados momentos. Hace unos años, el equipo estaba compuesto básicamente por jugadores que se tenían que ganar un sitio bajo el firmamento futbolístico. Era un equipo de "maletillas", que toreaba hasta un burro si hacía falta. Ahora, el Alavés se parece más a un cartel de toreros consagrados, con poco que ganar ya de sacarle pases a los toros difíciles. Hay que buscar de nuevo el "espíritu de los maletillas", aunque sin precipitarse: ser joven no equivale a ser bueno, ni sacar un equipo con los Mara, Ochoa, Brandán y algunos del filial equivale a empezar a ganar partidos como locos. Aun así, merecería la pena arriesgar, porque con la línea que mantiene el equipo, seguir así lleva al borde del desastre. Se puede probar con lo de casa, y se puede traer gente nueva, ahora que se abre el mercado. Hacen falta renovadas dosis de ambición.

Y, con el año nuevo, llega el Espanyol. Cuando los pericos ficharon hace poco a Clemente, lo primero que pensé es que, para algunos seguidores albiazules, había una razón menos para no pedir el cese de Mané, ya que cesar al de Balmaseda para traer al de Baracaldo no sería un buen negocio. Reconozco que es una maldad, pero quiere la suerte que ambos equipos jueguen una final la víspera de Reyes, una final que, de no ganarse, puede situar a los albiazules al borde del colapso clasificatorio. ¿Qué Alavés veremos? ¿El que desarboló al Atlético de Madrid o el que dicen que jugó, pero al que apenas se vio, en San Mamés? Espero que, para bien nuestro, vuelva la ambición y se resuelva a nuestro favor esta nueva final. Tres puntos son el pasaporte a la zona media de la tabla.


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