Glorioso-Espanyol: Reflexiones tras el partido
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07/1/2003 - 01:34
Enviada por fidel





¡Qué importante va a ser Mendizorroza este año! En esta liga sin clase media, en la que solo se alejan de la zona de peligro los equipos metidos en zona europea, sumar de tres en tres en los choques de casa. Por eso, el que se le pite a un jugador propio desde el minuto veinte de un partido no es de ninguna ayuda, y quienes lo hacen deberían de saber que, aunque estén en su derecho, están perjudicando al equipo. Bien es verdad que un profesional tiene que pasar de lo qe ocurre en la grada y concentrarse en su trabajo -de hecho, es lo que hizo Téllez- pero, en este mundo de hombres hechos y derechos pero de piel fina que parece el fútbol profesional, y en una situación de crisis como la que atraviesa el equipo, todo lo que no sea algodón puede hacer daño.

Y es que la situación sigue siendo de crisis, pese a la victoria. Crisis clasificatoria, porque se sigue a un punto de puestos de descenso, y crisis de juego, porque el partido ante los pericos se sacó más por casta y cierta suerte que por un dominio del juego y del rival. Claro, los tres puntos valen igual, se logren por gol por la escuadra o por rechace en la tripa de un defensa rival, y hemos de felicitarnos por haber conseguido la victoria, pero el equipo tiene que seguir trabajando, y siendo trabajado, porque lo que se vio este domingo, aparte del resultado espléndido, no es que tranquilice en exceso.

Parece que Mané lo ha visto muy crudo, y ha decidido actuar de manera contundente. Como el Príncipe de Lampedusa en "El Gatopardo", Mané optó por el que "todo cambie para que nada cambie". Y con el cambio llegaron cosas interesantes. Por ejemplo, la constatación de que Ilie es imprescindible en este equipo... si juega detrás y para el delantero centro, cosa que hace de maravilla. O que Rubén Navarro, con Ilie detrás, es un jugador rápido e integrado perfectamente en el equipo. Y que Iván Alonso no pierde ocasión de tirar a puerta, aunque haya mejores opciones ofensivas en ese momento.

Y, sobre todo, que el equipo lo están sacando a flote los jugadores de casta. Y merece mención especial en este apartado Ibon Begoña. Un jugador de difícil encaje entre los seguidores, con limitaciones técnicas, pero con un espíritu de lucha y una disponibilidad encomiable. Cada vez estoy más convencido de que, a este hombre, Mané le ha colmado de regalos envenenados, y que la persistencia del técnico en alinearlo incluso en las fases más grises de su estancia como albiazul vienen del convencimiento de que es un jugador que lo da todo. Y cuando se habla de recuperar las señas de identidad, lo que yo entiendo al menos es el recuperar la ambición y el recuperar el esfuerzo máximo durante los noventa minutos, o mientras lo que el cuerpo aguante. O sea, lo que suele hacer Ibon, que poco a poco se ha hecho imprescindible en el equipo. Pese a todo lo anterior, lo de ponerle de medio centro es un experimento que deja a las claras cómo está el equipo. Y eso que el jugador tampoco desentonó ahí.

Ahora llega la Copa, una oportunidad de brillar en un año gris. Seguro que se abrirá el debate sobre si merece la pena seguir ahí o si el equipo debería de concentrarse en la liga. Es un falso debate, ya que no hay más que una opción: salir a ganar, como en cualquier partido. En manos del técnico está el dosificar una plantilla a la que no le va a venir mal estar rodada al completo, y en la que algunos elementos están a falta de oportunidades y de partidos para rodarse.

Algo que hará Brandán en el equipo campeón argentino, en uno de esos episodios con los laterales izquierdos que suceden en este club y que Mulder y Scully deben andar ya investigando. En su día cortamos el crecimiento de Ramón Dacosta, acabamos con la carrera profesional de Josete, se declinó recuperar a Torres Mestre, que había demostrado ser un jugador de garantías. Se quedó casi sin estrenar Djolonga, flamante internacional croata. Y a Brandán ahora se lo lleva Independiente, tras estar medio año aquí sin ficha y con Lloréns en un estado de forma manifiestamente mejorable, pero sin competencia. ¡De buena se libró Roberto Carlos al no venir al Glorioso!


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