Glorioso 0 - Barça 0: El regreso del Alavés comprometido
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16/3/2003 - 13:57
Enviada por fidel





Regresó el Glorioso. La madre de todos los partidos, el día en que las gradas se llenaron para apoyar el resurgir albiazul, el Alavés volvió a presionar, recuperó su espíritu de equipo aguerrido. Salieron los buzos del fondo de las taquillas del vestuario albiazul, e incluso se empezó a producir, con un punto que en la clasificación no evita que el equipo entre en la zona roja, pero que puede y debe de ser un punto de inflexión en la trayectoria de un Alavés que llevaba demasiado tiempo en busca de sí mismo y que ayer confirmó, sobre el estrecho terreno de juego de Mendizorroza, los síntomas de mejoría apuntados en Anoeta. Esta vez, los albiazules no trataron de usted a un rival de la zona noble del fútbol continental. El Barcelona tan solo contó con la pleitesía que le rindió en algunos momentos un Esquinas Torres que indultó a Gabri y que se cebó al final con Téllez. Los de Antic no tuvieron espacios, e incluso fueron los más beneficiados, paradójicamente, del estrechamiento del terreno de Mendizorroza, al encontrarse con un hombre menos durante media hora, tras la expulsión de Motta. Tan solo la ya proverbial falta de definición albiazul privó a los de Mané de un triunfo que la solidez defensiva recuperada y el excelente y extenuante trabajo de presión en todo el campo había ido cimentando durante los noventa y pico minutos que duró el encuentro.

Y quiso el azar que este resurgir del espíritu albiazul llegase de las botas de los clásicos. Tiró Mané de repertorio táctico, y tiró también de reparto. Salvo Juan Pablo, el resto de resucitadores fueron protagonistas en las últimas temporadas de tardes y noches en las que el Alavés hizo de la garra una marca de identidad con patente europea. Volvieron hombres como Desio, que una vez más sobrevive a sus rodillas, y Astudillo, el pulmón de un equipo que le añora cuando no está. Y, al calor de esta sangre nueva, se entonaron hombres como Jordi, cuyo inicio de partido sirvió para ridiculizar a Gabri y poner en evidencia a Esquinas Torres, que en dos acciones antes del cuarto de hora perdonó al lateral blaugrana un posible penalti y la expulsión en la segunda ocasión en que Gabri tuvo que recurrir a la falta desesperada para frenar in extremis el ataque albiazul.

El Barcelona tuvo sus opciones, sobre todo en las botas de Overmars y Kluivert, quien envió al larguero el balón tras superar a un dubitativo Juan Pablo cuando el partido había consumido veinte minutos. Ahí estuvo la pizca de fortuna que al Alavés se le había negado en los últimos dos partidos, cuando inicios serios se vieron cercenados por goles tempraneros del rival. Esta vez el balón no entró y fue el rival quien se empezó a venir abajo ante la extrema dificultad que tenían los de Antic para jugar el balón por la presión llevada a cabo por el Alavés, que tenía, sin embargo, problemas a la hora de encarar el área de Bonano.

El partido vivió el que pudo ser su momento clave en el minuto sesenta, cuando Tiago Motta propinó un codazo a Ibón Begoña en la disputa de un balón. Con media hora por delante, el Alavés aumentó paulatinamente la presión, aunque sin mordiente. Durante muchos minutos, los albiazules no tiraron a puerta, ante un Barça cada vez más apocado. El momento culminante de la presión albiazul llegó a falta de siete minutos, cuando, con un Alavés volcado, Rubén Navarro envió a la madera un balón franco, que terminó por rechazar Bonano.

Hubo tiempo para los sobresaltos para la entregada afición local, cuando en un último contraataque en tiempo de descuento, Téllez cortó con la mano la internada de Overmars. Esquinas Torres se acordó entonces del reglamento y expulsó al madrileño. Riquelme, genuino representante de la Liga de las Estrellas Fugaces por lo visto en Mendizorroza, envió fuera la última ocasión del choque que terminó con un empate que se antoja excesivo para lo poco que puso el Barça en liza, y corto para el trabajo realizado por los albiazules.


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