Glorioso 0 - Betis 1: Grises hasta el final
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01/6/2003 - 14:22
Enviada por fidel





Fue hermoso mientras duró. El Alavés firmó ante el Real Betis su enésimo fracaso parcial de la temporada, la gota que colmó el vaso de la paciencia matemática. A falta de tres jornadas, la escuadra albiazul perdió la categoría, culminando con un mal partido un año horrible. Ni la presencia de Ilie, Tomic, Magno e Iván Alonso en el campo sirvieron para aumentar la pegada albiazul, ni el regreso de Pablo al doble pivote facilitó la creación de juego, ni el regreso de Téllez atrás evitó que la estrella del rival, esta vez Joaquín, se inventase el gol de la condena, que anotó Fernando con más de media hora por delante, que no sirivió sino para confirmar la impotencia de un Alavés que lleva meses ausente.

El partido empezó sin prisa, pero pronto el electrónico daba malas noticias. Con Osasuna por delante, la victoria era más que necesaria y la derrota era letal. Pero ni con banderillas negras. Los albiazules no apuraban a Prats, y eran los béticos quienes pisaban más área contraria. Los problemas para el Glorioso llegaban por bandas, y por una vez el mal arbitraje ayudó, cuando un claro agarrón a Dani no fue sancionado como penalti por un Rodríguez Santiago ciego en las áreas, para lo bueno y para lo malo.

Con una tromba de agua tropical sobre Mendizorroza y la grada volcada como nunca, llegó el gol de Fernando, que ponía al equipo ante la ineludible necesidad de marcar para poder al menos aferrarse a las matemáticas. Con el campo impracticable, el derroche de energía albiazul ha chocado con su propia impotencia cara a la meta contraria. Para completar el cuadro de desolación, Téllez ha visto la tarjeta roja directa, tras repeler una agresión de Capi. El árbitro ha llegado tarde a la película, y el verdiblanco se ha ido de rositas de la acción.

Con un hombre menos, la misión de empatar, ya de por sí difícil, se tornó imposible, y se consumó la tragedia. Lo que comenzó cinco años atrás, también ante el Betis, finalizaba de una manera triste, con varios jugadores albiazules rotos en lágrimas y un puñado de seguidores aguantando un buen rato tras la finalización del choque, animando y consolando a los profesionales. Demasiado cariño, demasiadas lágrimas, demasiado poco fútbol...


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