Una herencia envenenada
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16/9/2003 - 00:00
Enviada por fidel





Hay cosas de Pepe Mel que me encantan. Por ejemplo, eso de que su equipo pierda en Almería y él salga diciendo que está convencido de que vamos a subir. Tras años de ir de humildes por la vida, a veces con una humildad ñoña que ha servido más de una vez para justificar relajaciones y faltas de ambición, el oir a un entrenador del Glorioso soltar una frase así le suena a uno a música celestial. No me cabe la menor duda que esta forma de afrontar una derrota nos hubiese encantado a todos, de no ser porque está aún muy cercana una reflexión similar -"estoy convencido de que este equipo no baja"- que nos acabó de poner de los nervios al principio de este 2.003.

Y es que a Mel le toca luchar contra todo lo habitual, interno y externo, en una competición futbolera, más contra un intangible que está, sin embargo, omnipresente: la herencia de un pasado que fue brillante y acabó siendo letal. Esta herencia se manifiesta por doquier. Por ejemplo, en la plantilla. ¡Qué culpa tiene Mel de que para un puesto puedan competir un canterano como Angel con un cedido de experiencia como Sietes y una vaca sagrada de ingresos mollares como Begoña! Si juega el chaval y le sale bien, perfecto. Pero, ¿hasta cuándo se podría producir el milagro de que el que gana como uno le saque las castañas del fuego al que cobra diez veces más, sin que el mal pagado diga aquello de "corre tú, que para eso ganas lo que ganas"? Ante esa tesitura, lo normal es que juegue el que más gana, al menos de principio. Eso sí, al final parece que juegan los mismos que jugaban el año pasado, pero, en eso, lo que hace Mel es lo que haría, pienso, cualquier otro entrenador.

Ese desequilibrio heredado es un mal toro para lidiar. Tampoco lo va a ser la afición, al menos de momento. Aunque la confianza en el nuevo entrenador parece aún grande, las derrotas empiezan a pasar factura. Ahí también pesa la herencia de la liga pasada, con la serie de tundas que recibió el equipo. No vamos a tener demasiada paciencia, me temo; menos, en cualquier caso, de la que sería deseable para permitir al técnico hacer su equipo sobre los restos de lo que se ha encontrado. Y menos si Pepe se empeña en redescubrir la versatilidad de algunos jugadores que parecen imprescindibles para él como lo fueron para los técnicos anteriores, pese a que una parte importante de los que lo vemos desde fuera nos hacíamos y nos hacemos cruces al respecto de determinadas titularidades.

Y no le va a ayudar nada a Mel la voluntad de parte del entorno albiazul de no caer en el exceso de permisividad, claramente dolosa para con el equipo, que se tuvo en pasadas campañas, especialmente en el último año y medio, hacia el anterior ocupante del banco albiazul. A tenor de los comentarios que uno viene escuchando desde la pretemporada en algunos círculos, a Mel se le está negando el pan y la sal que a Mané se le regaló con abundancia incluso en su largo crepúsculo. Corremos el riesgo de pasar de la permisividad absoluta a la intolerancia. Mané dejó también como herencia una sensación de mala conciencia entre gente que le apoyó ciegamente hasta el borde del precipicio, y la tentación de que sean las costillas de Mel las que sirvan para lavar esas malas conciencias parece flotar en el ambiente. Y eso sería tremendamente injusto. Pedía hace dos semanas cuatro partidos de paciencia. Ahora creo que tendrán que ser algunos más. Mel y el Alavés merecen una oportunidad.


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