Inter-Glorioso: notas sobre el partido
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24/2/2001 - 12:03
Enviada por fidel





  • Pues ya sabemos lo que es ganar en San Siro. Al final, mucha historia, mucho presupuesto, muchas estrellas, mucha presión, pero la cosa fue de once contra once, y los once nuestros fueron mejores que los once milaneses. Así de fácil. Fueron mejores y jugaron para ganar, mientras que el Inter no se todavía a qué jugó: sin centro del campo, con dos puntas de excepcional calidad perdidos en el espacio, con un centro del campo poroso y antiadherente, con una defensa cómoda cuando se las tuvo que ver con un solo punta, pero insuficiente cuando los efectivos albiazules aumentaron...

  • O a lo mejor no. A lo mejor, Vieri y Recoba jugaron a su nivel, pero Téllez y Eggen estuvieron sobresalientes, a lo mejor Contra es el mejor lateral derecho de Europa, a lo mejor Desio y Tomic se llevan a las mil maravillas y suman entre ambos más que, por ejemplo, Di Biagio y Farinós, a lo mejor es que Ibón Begoña es un lateral de segunda pero es un interior de nivel europeo, que Jordi y Magno están en su mejor momento del último lustro, que Geli fue internacional y que podría volver a serlo, que Javinho lo va a ser y debería de haberlo sido antes...

  • No lo se. El caso es que lo que le hizo el Glorioso al Inter el otro día fue darle un baño de proporciones colosales, que la historia del fútbol se encargará de recordar por el dato -cuarenta años sin ganarle un equipo de la liga española a un equipo del calcio, y todo eso- pero que los seguidores albiazules recordaremos siempre por el juego y sus avatares, por momentos como el robo de balón de Contra y su remontada hasta llegar a sacar un centro de maestro noventa metros más adelante, o como el de Herrera y Eggen, todo coraje, redujeron al jugador mejor pagado del mundo a la categoría de fallón de patio de colegio sacándele hasta cuatro remates o intentos en una jugada, o como las diferentes combinaciones, toquecitos, espuelas, triangulaciones, centros, robos de balón, subidas por banda, relevos defensivos... un recital. Hubo una fasedel partido, mediada la segunda parte, en la que me daba realmente lo mismo cómo acabase el partido. Me lo estaba pasando bomba, viendo al Alavés dueño de Milán y San Siro, como unos nuevos Sforza albiazules. Eso, amigos, no se paga con nada.

  • Vi el partido junto a gente a la que conocí siguiendo al equipo en Tercera División, junto a gente que había conocido muchas más desgracias que alegrías siguiendo a los albiazules. Gente que estaba emocionada, con el cero a cero, viendo cómo jugaba su equipo tratando de tú a tú, con respeto pero sin vergüenza, a uno de los grandes del fútbol europeo. Gente que se indignó con el gol anulado, gente que lloró con 0-1, gente que entró en trance con el 0-2. Gente que tras el partido, tras desgañitarse a animar al Glorioso, tenía un obejtivo: cambiar bufandas y pines con gente del Inter, lo mismo que habí venido haciendo desde siempre ante cualquier rival. Gente con la que se podía ir a cualquier campo de arena de aquella Tercera, lo mismo que se puede ir ahora a cualquier templo del fútbol mundial. Fue un honor estar con ellos, que me considerasen uno de ellos.

  • Y gente que no se mereció salir del campo escoltados por la policía, ante unos vándalos enloquecidos. Decía un antiguo secretario técnico alavesista, de los de la época de la Tercera División de los setenta, que solo se podía ir a jugar con garantías a sitios que tuviesen obispo y gobernador civil. No tenía razón. Milán tiene cardenal, y seguro que tiene gobernador -por lo menos, policías tiene unos cuantos, de varios tipos y pelajes- pero sus salvajes lo son en grado superlativo. Antes del partido, un vendedor de bocatas de los que ofrecían sus productos alrededor de San Siro, casado con una catalana, nos lo advertía: "Cuidado con estos, quitaros las bufandas, porque están locos". A fe que lo están. Menos mal que allí lo saben, y actúan en consecuencia: más policías que aficionados, área sin público de decenas de metros alrededor de los seguidores alaveistas, agrupapamiento de estos en dos zonas ultraprotegidas (protegidas de los ultras).

  • Quiero acabar hoy hablando de la Uefa. Supongo que en la sede de la confederación se estarán tirando de los pelos por encontrarse con una semifinal Alavés-Rayo. ¡Que poco glamour! Y me pega que intentaron evitarlo. Lo del Rayo era difícil, porque no tomaron medidas en el partido de ida, y los de Vallecas -¡grande Rayo!- dejaron al Girondins listo de papeles. Pero lo nuestro lo tenían bajo control: mandaron al árbitro más cobarde que he visto en años a dirigir el choque de San Siro. El inglés consintió a los interistas todo lo que quisieron -tampoco dieron mucha leña, porque no estaban de humor- pero anuló al Glorioso un gol por no se sabe qué en una jugada con un penlati clamoroso a Iván Alonso, y no tuvo lo que hay que tener para suspender el partido con el 0-2, cuando a Herrera le llovía de todo, o cuando su cmpañero en el banco, el cuarto árbitro, veía volar sillas a su alrededor. Había que seguir, a ver si a los señoritos se les aparecía la Virgen, aunque a alguien le partiesen la crisma. Pero, ni por esas. Lo bueno es que en esta eliminatoria no pueden echar a los dos, y al menos un equipo llegado del fútbol profundo estará en semifinales de la Copa de la Uefa. Olé por ellos.


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