De lo que pudo ser genial y terminó en extravagante
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04/11/2003 - 16:10
Enviada por fidel





Viéndolo desde fuera, el fútbol parece sencillo. Hay unos veinte jugadores en una plantilla, cada uno con sus virtudes y defectos. De ese grupo tienes que sacar once al campo, y las complicaciones que pueda suponer esa elección tampoco son tantas: hay lesionados, sancionados, jugadores en mejor o peor forma, y entre los que quedan, pones a un portero en el arco, a los defensas atrás, a los delanteros delante, a los medios ahí mismo, en el medio, a los zurdos en la izquierda, a los derechos en la derecha... cada uno en su sitio, y todos a jugar, cada uno lo mejor que pueda, para mayor gloria del cojunto.

Luego, la realidad no casa con este esquema tan simplista. Hace unos años, Clemente hizo jugar a Molina de extremo en un partido de selección. Antes, Azkargorta puso al arquero Wirtz como líbero en un partido de Copa de la Liga en su época en el Valladolid. Algunos equipos llegan a tener tanta intervención de su técnico que acaban sucumbiendo bajo la dictadura de la libreta. Otros están simplemente desequilibrados, y se hace lo que se puede con lo que se tiene. Aquí sabemos algo de eso por banda izquierda.

Parecería que el tener una plantilla con dos jugadores por puesto, con derechos y zurdos, jóvenes y veteranos, sería el sueño de un técnico. Pero no. La tentación parece demasiado fuerte, y la cabra tira al monte: llegan los experimentos, se desea arreglar lo que funciona. Y llega el desastre. El límite entre la genialidad y la extravagancia lo marca el resultado, aunque genios hay pocos, por lo que la mayoría de los experimentos tácticos o posicionales suelen resultar extravagantes.

La idea de sacar a Trotta de lateral derecho, a Galván por la izquierda... ¡qué desastre! ¿Tan difícil es dejar a Ochoa, Téllez o Trotta en el banquillo? O, ¿por qué no se juega con un sistema de tres centrales si se quiere jugar con tres centrales en el campo? ¿Tan mal lo estaba haciendo el equipo en defensa, que había que cambiar? Supongo que en unos tiempos en los que Del Bosque hace lo que Molowny hizo, y acaba sin ser renovado, pese a ganarlo todo, la normalidad no reparte dividendos.

Yo es que le doy las gracias a Mel: semanas siendo positivo hacia su papel como técnico, en un entorno nada fácil, con el peso de una herencia que fagocita a veces su figura, con una parte de la opinión pública puesta de uñas contra él por decisión propia o por las malas influencias... ¡y va este hombre y la arma enredando con el equipo! Dejaba entrever el técnico albiazul, tras el partido, que se acabaron los experimentos. Ojalá sea así, al menos durante un tiempo. ¡Pepe, ayúdanos a ayudarte a los que queremos lo mejor para tí, que será también lo mejor para el Alavés!


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