Zaragoza 0 - Glorioso 0: La Copa ha muerto, ¡viva la Liga!
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12/2/2004 - 14:36
Enviada por fidel





Necesitaba el Alavés un partido con goles, y fue justo lo que no hubo. En un choque intenso, en el que el Zaragoza tuvo un buen ramillete de ocasiones, el Alavés mantuvo la tensión hasta el final, en busca del tanto que le diese el paso a la final y, de paso, a la Historia. Faltó la ginda para el pastel, aunque, mediada la segunda mitad, los hombres de Mel tuvieron el balón y llegaron a inquietar a Laínez. Sin embargo, el mal endémico de este Alavés, la falta de gol, terminó decidiendo una eliminatoria equilibrada, en la que la diferencia de categoría entre ambos equipos se vio reducida por la realidad del juego visto en 180 minutos en los que los gasteiztarras no han perdido, y han sido el único equipo que ha llegado a estar por delante en el marcador.

Donde sí se notó la diferencia de categoría fue en el talante del enjuto Mejuto. En un choque -en el sentido literal de esta palabra- de equipos duros, el Alavés se encontró pronto con sus centrales amonestados, y con toda la medular pidiendo paracetamol para anular el dolor de cabeza producido por las continuas regañinas del colegiado, que, como las cuarenta en el tute, no joden pero atormentan. El caso es que un supuesto penalti a Astudillo de Milito -lo quieran o no los médicos del Madrid, el heredero de Hierro en liga por clase, oficio y permisividad de los colegiados hacia su forma de entender el trabajo de central- se fue al limbo. Sería, sin embargo, injusto, achacar la responsabilidad de la eliminación al colegiado. El Alavés luchó con una actitud digna de mejor fin y que cabe exigir, a partir de ahora, en liga. Sobre lo otro, lo de que los delanteros reciban balones para poder anotar, lo que la fluidez vertical sustituya al juego horizontal que muere en sí mismo... es cuestión de seguir trabajando. Enfrente, el Zaragoza puso también toda la carne en el asador, dispuso de un puñado de ocasiones en botas de Villa, Savio, Dani... propiciadas por los huecos dejados por los albiazules y por la labor de jugadores brillantes como Cani, superviviente del naufragio de la medular maña. El conjunto de Víctor Muñoz puso la sangre en un choque cuya imagen será la de un bravo Movilla, con una venda a media cabeza para tapar la herida en la cara tras un plantillazo de Edu Alonso. También Láinez, tras sacar un remate a bocajarro de Ochoa, hubo de abandonar el partido lesionado, como antes debieron hacer Savio e Iván Alonso. Duro peaje para la liga, aliviado en el caso maño por el billete para la final y, si los dioses del fútbol no se vuelven locos, y para Europa.

El caso es que se acabó el sueño copero. El torneo del k.o. ha hecho ver a un Alavés importante, y ha dado muchos minutos a jugadores que, si solo hubiese habido liga, no hubiesen rascado prácticamente bola a estas alturas. Eso sí, la ansiedad de este mes y medio de trajín ha pasado factura, inopinadamente, en la liga. Por eso, el que se acabe este ritmo de partidos va a ser un alivio. ¡Lástima que no haya colofón a mediados de marzo! Habrá que aplazar la fiesta hasta junio, y seguir con la cabeza muy alta, tras una Copa impresionante.


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