Un modelo de alto riesgo
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26/7/2004 - 00:00
Enviada por fidel





Cuando Dimitri Piterman señaló en una de sus primeras entrevistas a medios gasteiztarras tras hacerse con el control del Deportivo Alavés algo así como que su modelo de gestión iba a ser el del deporte profesional americano, el nuevo presidente albiazul marcó una senda a seguir por parte del club con no pocas trampas y que no se sabe muy bien a dónde puede llevar a la entidad alavesista. La aplicación de fórmulas exitosas en otros contextos no siempre sale bien, sobre todo cuando las diferencias entre el modelo copiado -en este caso, el deporte profesional americano- y el entorno en el que se quiere trasplantar -el fútbol español- son tan profundas en algunos aspectos.

La primera diferencia, crucial, radica en la estabilidad. En las competiciones profesionales americanas por clubes, cada sociedad participante sabe que, salvo cataclismos económicos propios o de la competición al completo, al año siguiente seguirá en el máximo -único- nivel, sea campeón o colista. Esa estabilidad permite planificar a varios años todos los aspectos económicos y deportivos, y justifica actuaciones como los fichajes de larga duración a jugadores llamados a ser "hombres franquicia". En el caso del Deportivo Alavés, fichar por siete años a un jugador es, salvo que la redacción de los contratos sea una obra de arte a la que no se nos tiene acostumbrados, una actividad de alto riesgo. Si nadie, ni siquiera el señor Piterman, puede saber en qué categoría militará el Glorioso la temporada 2005/2006, ¡quién podrá saber dónde estaremos dentro de siete años! Estos fichajes "de por vida" podrán resultar un éxito, pero, a priori, aquí huelen a hipoteca, y ejemplos de ello tenemos cerca.

Otro aspecto que suelen cuidar mucho las competiciones profesionales americanas es el de la igualdad entre todos los clubes -empresas- participantes en las competiciones. La existencia en algunos casos de límites salariales hace que no se puedan dar conjuntos galácticos al lado de satélites llamados a ser comparsas. La entrada de nuevos jugadores a las competiciones, vía "draft", sirve para que los mejores novatos vayan a los peores conjuntos, con lo que, a la larga, las diferencias se van limando, y al final una buena gestión económica y deportiva permite sobresalir entre los iguales. Aquí es, precisamente, la desigualdad la característica de la Liga de Fútbol: los grandes quieren serlo cada vez más, reciben los mayores ingresos audiovisuales, toda la atención de los medios de comunicación, cuentan con el mayor número de seguidores repartidos, además, por todo el mundo, algo a lo que contribuye su omnipresencia mediática, se llevan a los mejores jugadores casi desde los jardines de infancia... entrar en el club selecto de los grandes es algo casi imposible y, ahí, el Alavés lleva una desventaja sobre los clubes grandes de la liga que es infinitamente superior a la existente entre cualquier franquicia menor recién llegada a la NBA o al NFL y los grandes clubes que lideran esas ligas. Por ejemplo, la capacidad de generar mercado fuera de los límites alaveses es muy reducida, y será muy difícil que, por ejemplo, se vean camisetas del Glorioso a la venta en las tiendas del ramo de los aeropuertos de Londres, de Frankfurt o, sin ir más lejos, de Loiu. Habrá en Foronda, y gracias, y seguro que junto con camisetas de Real Madrid, Barça y de algún otro equipo cercano que no viene al caso citar aquí, porque por mucha labor que hagas de promoción, todos los elementos están en contra de los clubes pequeños. Es decir, que todos las estrategias que se puedan importar para destacar en un entorno de más o menos igualdad entre clubes, aquí valen para poco.

Y una tercera diferencia que puede pesar en contra del Alavés es el diferente grado de profesionalización del deporte a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos los clubes nacen como sociedades mercantiles, lo mismo que las propias competiciones, que controlan todos los aspectos de su negocio. Aquí se nos llena la boca diciendo que los clubes son sociedades anónimas, pero en la práctica no lo tenemos asumido, porque la tradición de nuestro fútbol no es esa. Aspectos como el arbitraje -fundamental- o los comités disciplinarios siguen sin ser controlado por la Liga de Fútbol y son gestionados por supuestos aficionados; se expropian periódicamente jugadores -activos de la sociedad- para ser utilizados por entes ajenos al deporte profesional como son las Federaciones y sus selecciones, y algunos colectivos, como el de entrenadores, tienen una capacidad de decisión sobre aspectos económicos -lo deportivo es lo que en cualquier otra empresa sería "producción", o sea, economía pura y dura- exagerada en relación con lo que tendrían sus homólogos en cualquier empresa de otro sector y, además, cuentan con un corporativismo que les ayuda a protegerse de las intromisiones de los directivos de la compañía, lo que lleva a que demos por normal en el fútbol cosas que en otro tipo de empresas no lo serían nunca. Algunas actuaciones que hace Piterman dentro de una lógica mercantil intachable, de empresa deportiva "made in USA", aquí van a resultar chocantes, y pueden granjearle a él y, de rebote, al club, problemas con los estamentos más reacios dentro del fútbol a los cambios, estamentos no profesionales pero con poder.

De cómo sepa lidiar el señor Piterman con estas diferencias entre el modelo que quiere imponer y la realidad en que nos tenemos que desenvolver, y no del lugar en el que el presidente vea los partidos del equipo, va a depender en gran medida el éxito de su gestión al frente del Deportivo Alavés. Ojalá las cosas le vayan bien, porque su ssuerte es nuestra suerte, y porque nada me llenaría más de emoción que encontrar por fin, la próxima vez que vaya a Londres, una camiseta del Glorioso en mi tienda favorita de objetos de fútbol en Carnaby Street.


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