¿Ya no es lo mismo?
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05/8/2004 - 03:31
Enviada por fidel





 La primera, en la frente. Resulta que el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz considera que ahora "la situación del club no es la misma" que la de hace un año y ha decidido no renovar el convenio de colaboración con el Deportivo Alavés por el que daba unos 35 millones de pesetas al Glorioso a cambio de actividades sociales con los más jóvenes y de que el conjunto albiazul luciese en los partidos de casa la leyenda "Vitoria-Gasteiz" en sus camisetas. Ya...

El que un ayuntamiento ayude a una empresa privada es de difícil justificación. ¿Por qué a una sociedad anónima deportiva y no a una sociedad anónima encargada de fabricar capuchones para bolígrafos? Tampoco tiene mucho sentido que se pague un dinero para que los jugadores albiazules nos recuerden, domingo sí, domingo no, el nombre de la ciudad en la que vivimos llevando su nombre en la camiseta. Pero esa poca justificación y ese sinsentido se daban también hace un año, y entonces el Consistorio gasteiztarra decidió ayudar al Alavés, mientras que este año no lo va a hacer, al menos, de momento.

¿Qué ha cambiado de un año para otro? Básicamente nada, en lo que respecta a lo que debería de importar al Ayuntamiento. Al fin y al cabo, lo importante, en el caso del Alavés, es la entidad y lo que representa, o eso se suele decir, por lo visto con la boca pequeña. Si podemos suponer que la situación económica del Alavés es ahora peor que hace un año-¡uy, lo que nos decían los antiguos gestores que podía pasar si no se ascendía!- ¿no se justificaría más que antes -si es que alguna vez está justificada- la ayuda municipal?

Me da a mi que detrás de esta decisión está la llegada de Dimitri Piterman a la presidencia albiazul. Salvo que se hiciese un ejercicio de buena voluntad rayano en la ingenuidad, no había que ser un lince para deducir que el dinero público que se estaba dando a una empresa privada se les estaba dando, en el fondo, a sus accionistas. Ahora, con la llegada de un empresario puro y duro, y además llegado de Kasakristán y sin vinculaciones anteriore con la plaza, ese flujo del dinero público al interés privado es más evidente.

Dar dinero público al Alavés es dárselo a una empresa del señor Piterman. Ahora nos parece evidente. Pero antes también era dárselo a una empresa del señor Antón. Parece que a la institución municipal le cuadraba más darle dinero a una empresa de un señor afincado en la ciudad que a la de uno llegado de las Américas. No olvidemos, además, que quien recibió aquella ayuda acabó por vender el club, y que ese dinero público contribuiría a buen seguro a fijar al alza el precio de la venta. Se ayudó, pues, al Alavés, pero también a sus accionistas mayoritarios, quienes, por cierto, y me refiero a los que se terminaron por llevar la pasta con la venta del Alavés, tampoco es que tengan profundas raíces en el terruño gasteiztarra.

Si el pasado año el Ayuntamiento ayudó al Alavés porque estaba en una situación de necesidad, no parece que ahora la situación haya ido a mejor, así que habremos de deducir de la decisión de no renovar la ayuda que a nuestros munícipes les ha entrado un ataque repentino de responsabilidad en el manejo del dinero público. Porque el Alavés sigue siendo el Alavés, que no nos quepa la menor duda.




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