Déficit de alavesismo
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02/11/2004 - 07:46
Enviada por fidel





La decisión de Dimitri Piterman de prescindir de los tres directivos que quedaban en el Deportivo Alavés de la época de Gonzalo Antón es, desde el punto de vista de la gestión empresarial, irreporchable. Con independencia de los compromisos que el actual accionista mayoritario hubiese alcanzado con quien le facilitó el serlo vendiéndole el 51% del capital social del Deportivo Alavés SAD, cuando una empresa se compra se hace para mandar en ella, y es lógico -lo contrario sería cosa de necios- el contar para posiciones de confianza con gente de confianza, y también lo es el organizar la empresa como uno crea más conveniente para el logro de sus objetivos. De las situaciones personales que se puedan dar se encargarán o bien la negociación o bien los tribunales, y cada cual sabría a lo que se exponía -o sabía cómo se protegía- cuando aceptaba un ascenso laboral a un puesto claramente de confianza un cuarto de hora antes de que hubiese cambio de propietario.

Siendo lo anterior verdad, los relevos de Alfonso Arriola, Paco Liberal y Roberto Urbina no dejan de transmitir una cierta sensación de vértigo. Su salida del club representa la ruptura de una continuidad en la gestión sin precedentes en la historia albiazul. Siempre, en los cambios de presidencia, e incluso en los cambios de régimen, como fue la expropiación del club a sus propietarios originales -los socios- para su conversión por ley en Sociedad Anónima Deportiva, había habido gente en la directiva que continuaba de períodos anteriores. Podían ser figuras decorativas o trabajadores estajanovistas al servicio del club, el caso es que uno miraba la mesa de la Junta Directiva o del Consejo de Administración, y aunque no le gustasen algunas caras, se veía a gente que estaba de antes, y eso te decía que el Alavés seguía siendo -con sus defectos y virtudes- el Alavés, nuestro Alavés. Ahora ya no habrá más caras -tómese en el mejor sentido del término- de antes en la mesa.

No se si los relevos de estas tres personas serán para bien o para mal, aunque las decisiones que ha tomado en otros aspectos del club el actual presidente hace que haya que darle un voto de confianza, porque tan mal no vamos, de momento. De alguno de los cesados no he sabido nunca muy bien cuál eran sus funciones concretas, pese a que juro que me he intentado enterar. Guardo especial buen recuerdo de Roberto Urbina, que solucionaba problemas, lo cual en el Alavés en el que le tocó trabajar no era a veces fácil, ya que los problemas los creaba gente con mucho cargo y mucho ego, aunque luego demostrasen ser bastante más zoquetes de lo que debiera de corresponder a "ejecutivos de alto nivel", como gustaba decir quien le abrió a Piterman las puertas del club. Habiendo sido jugador y empleado en los tiempos duros, era quien mejor personificaba la continuidad que ahora se rompe.

Sea como fuere, el club presenta en estos momentos un déficit muy importante de alavesismo, y es algo que el actual presidente debería de abordar con cuidado para evitar cometer algunos errores que pudieran dañar el espíritu positivo que generan los buenos resultados deportivos. Es tiempo de acudir a figuras como la del Consejo Consultivo u otros elementos que sirvan de cordón umbilical entre la que todos deseamos sea una exitosa sociedad anónima deportiva y un entorno, el vitoriano y alavés, en el que esa sociedad desarrolla su actividad y de la que se nutre principalmente, y de momento, su clientela. Puestos a ser transgresores, que es lo que se lleva ahora en Mendizorroza, ¡qué mayor ruptura con el pasado que hacer ver que es posible tener éxito en la gestión teniendo en cuenta también los sentimientos y las opiniones de los aficionados!




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