Glorioso 5 - Kaiserslautern 1: Victoria a la alemana, camino de Dortmund
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05/4/2001 - 15:50
Enviada por fidel





Se acabó el periplo uefero en casa del Glorioso con una nueva victoria, contundente, ante un rival que metía miedo a priori, pero que no pudo superar el orden albiazul, esa seguridad que da el tener claro qué hacer, que lo mismo permite remontarle un 1-3 al Inter que aprovechar cuando el partido se pone de cara, como en el caso de ayer.

En un partido atípico, con cuatro penaltis, con las gradas casi llenas, con más de mil alemanes ruidosos, con el máximo goleador local fuera de convocatoria, el Glorioso jugó a la alemana y ganó a uno de los máximos representantes de la escuela teutona, incrementando la leyenda de un equipo albiazul que se mimetiza con el rival y le supera, le vence con sus mismas armas. Impresionante.

Porque, aunque el marcador pueda resultar un poco exagerado, no hubo más que un equipo sobre el campo. Un equipo presionante, conocedor al dedillo de las escasas debilidades del contrario lo mismo que de las grandes virtudes propias. Un equipo capaz de desmontar desde arriba el mito alemán, con un Iván Alonso desfondándose para fijar gente adelante, con un centro del campo (ese Tomic, ese Desio, ese Pablo, ese Jordi, ese Ibón...) asfixiante, desarmando al rival hasta el punto de que prácticamente no han llegado una vez al área, con una defensa ordenada y proyecta a menudo al ataque, con relevos perfectos. Un recital de fútbol serio. Como los alemanes, pero en bueno.

Si a esto le añadimos unas gotas de penaltis a favor -el primero controvertido, el segundo tan claro como tonto- la solución al problema de la eliminatoria se hace evidente: goles que llaman a goles, seguridad creciente en el de casa, impotencia galopante en el visitante.

Incluso cuando el Kaiserslautern intentó reaccionar, con su dosis de "penalticilina a la noruega" incluída, llegó el cambio táctico, la entrada de un tercer central, y se acabó la historia. De nuevo presión, de nuevo el rival en coma, sin saber qué hacer con la pelota. Y, para colmo, Magno, más conocido este año -muy a su y a nuestro pesar- por sus fallos que por sus aciertos, firmó un quinto gol de calidad, porque este Alavés puede jugar a la alemana, pero tiene clase, el domingo uruguaya, ayer brasileña.

Quedan noventa minutos. Nadie en el club quiere lanzar las campanas al vuelo, y se hace bien. Además del respeto que merece el rival, el Glorioso del Siglo XXI es un equipo de gestas. La mejor manera de pasar la eliminatoria, y eso lo saben los albiazules, es plantear el partido del Fritz-Walter Stadion como si hubiese que ganarlo. Y este equipo puede ganar allí, pese a la presión que harán las gradas para apoyar a los Diablos Rojos. Por cierto, ¡qué cosas tiene esto del marketing en el fútbol! Ayer, los albiazules jugaron de rosa y los diablos rojos de azul. Menos mal que el balón sigue siendo redondo...

En fin, una noche más de gloria, y ya van unas cuantas. Y a vivir un día alegre para el fútbol modesto, del cual el Alavés es su abanderado en el máximo nivel. Y un día alegre también, imagino, en la Mercedes -¡pobrecitos alemanes, la que les espera!- y, sobre todo, un día grande en una ciudad a la que fútbol y baloncesto han colocado definitivamente en el mapa.


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