K'Lautern 1 - Alavés 4: Notas personales sobre el partido
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19/4/2001 - 18:54
Enviada por fidel





Grande Alavés. No se puede decir más. Grande Alavés, grande Mané, grandes uno por uno todos los jugadores que componen esta plantilla. El equipo consiguió ayer en Kaiserslautern terminar de un plumazo con el mito del fútbol germano. El infierno alemán fue el cielo albiazul. Goleada con Karmona, Téllez, Begoña, Desio y Azkoitia en el campo, cinco jugadores que ya vestían la elástica albiazul en Segunda División. Goleada con Pablo y Jordi en el banco, goleada con Contra sancionado... Goleada con Vucko y Gañán en protagonistas, jugadores sin minutos, fuera de las rotaciones que hace Mané, y que ayer firmaron tres de los cuatro goles: el de la tranquilidad, el del delirio y el de las lágrimas.

Lágrimas... Uno no tiene edad ya para llorar, pero, ¿cómo contenerse? Hemos pasado por tanto con este Alavés... Lágrimas en el campo, con un Antonio Karmona -grande entre los grandes, seguro igual en Segunda ante el Getafe que en Kaiserslautern ante un posible ganador de Bundesliga- luciendo esa camiseta, "Bermiotik Europara" sobre la que, va ya para un año, cayeron lágrimas de rabia en una noche triste sobre el césped en blanco y negro de un envilecido por la envidia San Mamés. Lágrimas que ayer cayeron sobre la misma camiseta, cuando, desde Bermeo, el Gran Capitán sacó el billete para llegar a lo más lejos que nunca ha llegado un jugador vasco en un equipo vasco. Y lo que falta.

Y grande también Kaiserslautern. Más la grada que el equipo, aunque éste hizo lo suyo. Pocos clavos ardientes tenían a los que asirse los Diablos Rojos: el retorno de Djorkaeff, un gol tempranero, el apoyo de la grada, tal vez, ¡quién sabe!, un arbitraje peculiar... los de Brehme se agarraron a todos -marcaron pronto, precisamente Djorkaeff, ante un público enloquecido- pero uno les fue esquivo: el amigo Hugh Dallas tenía un concepto completamente opuesto sobre el penalty que el de su colega noruego de hace quince días en Vitoria. No vio el que pudo ser el 2-0 ante de la media hora, claro como los incrédulos ojos de Andreas Brehme. Y si el Alavés ya de por si empezaba a situarse para realizar su resistencia ordenada, no desaprovechó el regalo y, en una sensacional jugada de Geli el Grande, su centro terminó en las mallas locales, restituyendo el orden establecido del universo albiazul, ante un Brehme con cara de intentar recordar algo sobre el Alavés de cuando su época como jugador del Zaragoza. "Si este equipo ni salía en la quiniela...", parecía pensar el técnico palatino.

Hasta ahí llegaron los rojos en el campo, pero ahí comenzó el otro espectáculo, el de la grada, que combatió los nudos en la garganta animando y cantando a su equipo, mientras éste pasaba de temible rival a infantil juguete en manos de un cruel Alavés. Fue emocionante, ambiente futbolero en estado químicamente puro. Escuchar a un coro de diez mil voces entonar el "You'll never walk alone" antes del partido impresiona, pero hacerlo cuando su equipo está realmente atravesando por una tormenta es algo que pone la piel de gallina. Aunque este clásico del Kop liverpuliano suene en el fondo del Fritz-Walter-Stadion. Mis respetos, diablos rojos, el fútbol no sería lo mismo sin ustedes.

Ahora llega la final. Ante el Liverpool, ni más ni menos. Era el rival deseado. Recuerdo de niño, cuando el fútbol mezquino triunfaba en el continente, cómo aquellos locos vestidos totalmente de rojo metían el miedo en el cuerpo a los equipos españoles, italianos, alemanes y hasta marcianos comentiendo la osadía de jugar con dos delanteros centros. Recuerdo, más adelante, aquella final ganada a la Roma en Roma, con dos cojones, por penaltis, tras una semana de juerga en Israel con mujeres, novias o apaños, ante unos amilanados italianos salidos de una concentración monacal para preparar la final. La imagen de Grobbelaar, el porero zimbabuo del Liverpool, haciendo temblar sus piernas o colgándose del larguero ante sus apesadumbrados rivales romanos, a los que terminaba desquiciando... ese fútbol que envidiábamos cuando, mientras tanto, seguíamos al Glorioso en tercera división. Esos dos mundos, tan distantes entonces, confluirán el día 16 de Mayo en Dortmund. El Mito contra la Dulce Realidad. ¡Qué generación de alavesistas afortunada la nuestra!


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