Informaciones sobre el Deportivo Alavés

Coruña 0 - Glorioso 2: Elogio de la normalidad

16/1/2006 - 10:14 - Enviada por fidel

El Deportivo Alavés logró una importante victoria en su visita a Riazor. Los de Oliva llegaban al duelo ante los coruñeses con la soga al cuello y alguna que otra esquela adelantada sobre su continuidad. El equipo, además, seguía prácticamente con los mismos elementos que en pasadas semanas, con los mismos lesionados, sin aporte de los refuerzos -algunos minutos de Elton con el partido resuelto- y con apenas unos días de trabajo del nuevo primer entrenador. Con unos mimbres que hasta la fecha habían dado un rendimiento pobre, los albiazules consiguieron en un partido la cuarta parte de puntos que habían logrado hasta la fecha en los dieciocho anteriores.

¿Hubo milagro en Riazor? Hubo, más bien, normalidad. La prinicipal aportación de Oliva, colocar a Bodipo y Aloisi delante, que había sido probada en algún otro partido, esta vez sí que funcionó. Mediada la primera mitad, un pase largo de Jandro fue magistralmente cabeceado en carrera por Aloisi, que conseguía anotar en una ocasión poco fácil cuando llevaba varias ocasiones clarísimas pegándole al muñeco o sacándola en lugar de metiéndola. El jugador partió de posición legal, aunque muy justo. Esta vez, el banderín del linier, otras veces criminal, se quedó abajo.

El Alavés tuvo su despiste defensivo, ¡cómo no!, que permitió a Rubén Castro plantarse solo ante Costanzo poco después del gol de Aloisi, aprovechando el único fallo atrás de los de Oliva. Costanzo tapó bien la jugada, Rubén cayó en una acción dudosísima, que el colegiado mandó seguir, aplicando esa máxima de que, ante la duda, no se pita. De nuevo, la normalidad beneficiaba al Alavés, que veía cómo un error no se convertía automáticamente en gol en contra, y cómo el árbitro no improvisaba una realidad dañina para los intereses albiazules.

Por lo demás, el Coruña tenía el balón, pero el partido lo controlaba el Alavés, una situación repetida en el Calderón, en el Ruiz de Lopera, tantas veces en Mendizorroza este año... No había caras nuevas, no había refuerzos que aportasen mala leche o calidad punta. Solo pasaban cosas normales.

Tras el descanso, Caparrós, el que no querría entrenar con quien ayer le ganó estando sentado en el banquillo, tuvo que poner a Valerón en el campo para evitar lo que empezaba a tomar forma, que el colista le "guindase" el partido al aspirante a Champions. Fueron momentos de orden defensivo albiazul, sin errores, y sin demasiados agobios. En un rápido contraataque, un pase largo de Aloisi fue aprovechado por Bodipo en carrera para poner el 0-2, algo que el sevillano sabe hacer muy bien, algo que no le había salido en casi una vuelta, algo, en definitiva, normal, que se podía esperar de este Alavés.

Con el 0-2 el Coruña se volcó sobre la meta albiazul. Los de Oliva pudieron haber incluso aumentado la renta, si bien los contraataques que llevaron no fueron resueltos con buen criterio. Con el avance de los minutos, llegó el momento de Costanzo. El arquero salvó en varias ocasiones el gol coruñés. En una misma jugada sacó dos balones disparados a quemarropa y el larguero repelió el remate final deportivista.

Al final hasta hubo tiempo para que debutase Elton, si bien el mérito del partido hay que atribuírselo comletamente aún al Alavés versión 1.0, el que ha perdido una docena de puntos en esta primera vuelta por cosas poco normales -despistes defensivos, falta de puntería rayana en lo grotesco, algún error arbitral dañino, bajas prolongadas de jugadores importantes- y que, cuando ha vivido un partido sin cosas raras ha demostrado que puede ganar en cualquier campo en la mejor liga del mundo. Empieza desde ya -esta semana ha sido de transición- la vida del Alavés versión 2.0, con Oliva, Georgiev, Elton y los que vengan. Tienen por delante una tarea difícil, porque la clasificación no miente, pero tiene a su favor algo que quedó ayer claro en Riazor: se parte de un equipo que puede estar, en condiciones normales, bastante por encima de donde está en la tabla, y las aportaciones llegan para mejorar. Así que, hoy más que nunca, el alavesismo tiene motivos para el optimismo, y los enterradores prematuros, motivos para buscarse otra ocupación.