Glorioso 1 - UD Almería 0: Ganar para crecer
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09/10/2006 - 09:49
Enviada por fidel





Un gol en los últimos minutos en un partido como el de este domingo entre Alavés y Almería tiene, además de las indudables virtudes clasificatorias, un efecto práctico insospechado, y es que permite que la gente se despierte antes del final del choque y pueda abandonar el campo en un tiempo más o menos razonable. El cabezazo de Pablo Casar que batía a Westerveld cuando el partido llegaba a su fin llegaba tras una segunda parte de juego trabado, sin apenas juego ofensivo albiazul digno de tal nombre, y en la que, por momentos, la UD Almería llegó a acercarse a las inmediaciones de la meta de Bonano con intenciones poco halagüeñas para la integridad del equipo local. Eso sí, las intenciones -escasas en la práctica- almerienses de cear peligro finlaizaron ante una defensa albiazul que está siendo la triunfadora en un inicio liguero que está siendo duro para un Deportivo Alavés en construcción: cuatro goles encajados en siete partidos -alguno, como el de La Condomina, de dudosa legalidad- son una buena base en la que cimentar otros logros. ¿Qué logros? Los que sea capaz de lograr un equipo que parecía contar con su fuerte en la zona de ataque pero que no termina de lograr la fluidez deseada y el acierto necesario.

Salvo a balón parado. Ayer los albiazules lograron un tardío gol a la salida de un corner, que subió al marcador, y antes habían logrado, casi al inicio, otro tanto al rematar Astudillo un balón peinado por De Lucas a saque de falta. El colegiado lo anuló, sin motivo aparente, y con ello evitó que el Alavés pudiese jugar a favor de marcador. Mediada la primera mitad, también a balón parado, Rubén Navarro mandó el balón al larguero de Westerveld. Siguiendo la vieja receta de supervivencia en la categoría, el Alavés se mantenía sólido atrás y buscaba -y al final, halló- la vida en las jugadas a balón parado.

¿La creación de juego? Esa es otra historia. El equipo sacrifica recorrido de los laterales en el altar de la seguridad defensiva. En el centro, Astudillo se vio envuelto en una espiral de robos y pérdidas con resultado de combate nulo, inocuo e inofensivo. Lacen, un jugador cuya figura va creciendo a medida que va teniendo minutos, intentaba mover el balón, o pasando o subiéndolo si no había mejor opción, pero su ritmo iba varios puntos por encima de la galvana que atacaba al equipo bajo la canícula de la primera mitad y bajo la presión almeriense de la segunda. Moral pasaba desapercibido en una banda, y De Lucas -a éste al menos no se le puede decir que se esconda- despertaba las pasiones de la grada, pero por su forma de fallar algunos balones que merecían mejor suerte. Ogbeche apuntó detalles de clase con algunas asistencias e intentando mantener el pabellón albiazul presente en los territorios casi inexplorados cercanos a la meta de Westerveld. Cuando fue De Lucas el que pasó a Bartolo la pelota, avanzada la segunda parte, éste tuvo una de las escasas ocasiones albiazules en la reanudación. Cuando Ogbeche se la puso "a huevo" a De Lucas, éste mostró que no era su día.

La entrada de Jandro, esta vez por la izquierda y luego centrado, aportó cierta mordiente: el asturiano intentó buscar puerta, bien que sin acierto. Gabri buscó abrir el campo hacia la izquierda, aportando en sus minutos en el campo una presencia que Moral no había sabido dar durante la mayor parte del choque. El equipo, además del resultado, sacó en limpio el debut de un jugador de la cantera con el primer equipo en liga y en su casa, lo cual tampoco es mala cosa, sobre todo porque el canterano vino al mundo con tres puntos bajo el brazo, en un momento en el que lo importante, para este Alavés en construcción, es ir ganando puntos para crecer como equipo sin quedarse enanos en la tabla.




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