Dortmund, tres meses después
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16/8/2001 - 16:37
Enviada por fidel





Dortmund.
Han pasado tres meses y, cuando como vulgar criminal regreso al lugar de los hechos, en Dortmund sigue lloviendo. Es quizás la lluvia de lo poco en común que queda entre este 16 de agosto y aquel 16 de mayo. La lluvia y las piedras, el cuerpo de una ciudad que por unas horas tuvo un alma distinta, un alma que fueron los ingleses vestidos de rojo y que fuimos nosotros, vestidos de fiesta. Cuando Liverpool, en su sensibilidad roja -los de la sensibilidad azul están que pasan a mayor, a ver si la mano que viene trae algún argumento para soñar con querer un envite- espera impaciente el inicio de una nueva campaña, con más ganas que nunca de darle en los morros a los casi vecinos del United, mientras por sus calles trabajan taxistas con la camiseta azul y amarilla con nombres de gasteiztarras -"I was there..", "Yo estuve allí"- adquiridas quizás en una de esas subastas en internet en que se ofrecían hasta 75 libras por la prenda... cuando Gasteiz espera la nueva temporada, entre la ilusión por un nuevo equipo nuevo, la tristeza por la rodilla de Desio y el aviso de que este año la camiseta de marras llevaría menos nombres... Dortmund también espera el inicio de la Bundesliga, con la ilusión de ver a sus hombres, vestidos este año por la cosa del merchandising como el Barakaldo -por allí se llevan las rayas- con un Westfalenstadion cerrado a cal y canto, distinto al que vimos en mayo, sin una sola señal que recuerde que hubo una final, aunque con actividad a su alrededor. En un campo anexo, los jugadores del Borussia entrenan, a media tarde, ante un centenar de curiosos, niños la mayoría. Como son mayoría los niños en ocupar las piscinas también adyacentes al estadio dortmunés. Los adultos corren, a pie, a caballo o en bici, por los parques de los alrededores, donde la lluvia parece venir bien a los abuelos que cultivan los pequeños huertos públicos que separan una de las tribunas de las vías del metro. ¿Dónde estaba todo esto el 16 de mayo? Seguro que allí, aunque nosotros solo tuviésemos ojos para lo de dentro del estadio. En el parque, la sorpresa agradable... un caminante entrado en años, entre orientaciones sobre cómo llegar a la tribuna principal, evoca algo así como "la final... sí... Liverpool y, esto, Ahlá-fes", en un alemán cerrado esto último. La única mención a la final, el resto, solo BVB, solo Borussia Dortmund.

En la ciudad, de nuevo la metamorfosis de la memoria. Solo la salida del metro en la plaza Willy Brandt, el castillete de acero por el que salieron a ver la ciudad miles de vitorianos aquel día tras el viaje gratis total en metro parece igual que aquel día. La iglesia de San Reinoldi, sin carpa, parece más grande. La plaza situada a su lado, mucho más pequeña, sin la lona rodeada de miles de personas, con otros miles dentro. Es como la plaza del Arca, con gente andando pero sin caminante. ¿Cuántos de los que allí estuvieron se acordarán de que había un restaurante de pollo frito justo allí? La vieja plaza del mercado, donde se hicieron fuertes los ingleses, mantiene el escenario en la fachada de Karstadt, mientras que el espacio central lo ocupan algunas terrazas de los bares de alrededor, esos que vendieron ese día la cerveza de medio año. En la fuentecilla de la plaza, que quedó inmortalizada en muchas cámaras como el punto de encuentro entre un liverpuliano luciendo tanga roja y un gasteiztarra luciendo blusa y bombo, un empleado del servicio de limpieza de la ciudad parece reconocer el escudo del Glorioso durante la ritual toma de fotos y hace con la cabeza un ademán de saludo. Es lo más parecido a un recibimiento municipal que uno puede esperar. Algo es algo...

Cae la noche sobre el centro de Dortmund y, al lado de la iglesia de San Reinoldi, suena música en directo. Una docena de txoznas sirven vino, salchichas y roscas de pan salado a los varios centenares de personas que se congregan en la zona. Por lo que se ve, también hoy hay fiesta aquí, y también se exalta al vino... de Renania Palatinado, la región que monta esta vez el tinglado. Decido que de mayor quiero ser de Dortmund, para que me monten fiestas todas las regiones vinateras de Europa. Aunque, mientras tanto, y al ver en los carteles del jolgorio de hoy el nombre de Kaiserslautern como uno de los orígenes del vino que se presenta, no puedo evitar, al largarme de la ciudad, una leve sensación de cuernos... ¡mételes ocho goles en dos partidos para que luego te hagan esto!


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